feat(renaser): Fase 15 — la voz del sistema (acorde + eventos)

La bocina pertenecía al app enfocado (Fase 12), pero el kernel
necesita hablar también. Ahora tiene voz propia, prioritaria.

- `altavoz`: cola `SECUENCIA: Mutex<VecDeque<(u32,u32)>>` (freq, ms)
  + reloj `FIN_NOTA: AtomicU64`. `agendar(&[...])` encola;
  `atender()` (tarea del compositor cada fotograma) avanza la
  secuencia y silencia al acabar; `kernel_sonando()` gatea a los
  apps — mientras el kernel suena, `sys_tono` no-op.
- Catálogo: VOZ_BIENVENIDA (Do5-Mi5-Sol5, 500 ms), VOZ_LANZAR
  (700→1050 Hz), VOZ_CERRAR (900→520 Hz), VOZ_DESALOJO (180 Hz).
- Hitos: `kernel_main` agenda el acorde antes de `ejecutor.run`;
  `nacer_ventana` (Alt+N), `cerrar` (Alt+Q), `desalojar` (falla)
  agendan al hacer su trabajo.
- De paso: las pestañas de la barra de tareas calculan su tinta por
  brillo del fondo (ITU-R BT.601); la pestaña crema del desalojo por
  memoria, que llevaba texto blanco invisible, ahora luce su nombre
  en tinta oscura.

Verificado en QEMU con `-audiodev wav -machine pcspk-audiodev=spk`:
el PCM crudo trae, en orden, el acorde de bienvenida (~520, 630, 760
Hz), un brevísimo 180 Hz (las balizas de discola/glotona desalojadas)
y después la escala de Do mayor de tonada.

Co-Authored-By: Claude Opus 4.7 <noreply@anthropic.com>
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@@ -513,6 +513,27 @@ mirada al inquilino elegido, su borde se ilumina, y el escritorio se recoloca
para honrarlo. Por fin la casa no se navega sólo a tientas con flechas: tiene un
directorio en su umbral.
## La voz de la casa — el sistema aprende a hablar
La bocina la tenían, hasta hoy, los inquilinos. La casa les prestaba su único
hilo de sonido y se quedaba muda: por más cosas que ocurrieran —que llegara
alguien nuevo, que cayera otro, que se abriera la puerta— ella no decía nada,
sólo lo pintaba. La voz era de quien tuviera la atención puesta encima.
Hoy la casa estrenó voz propia. No para hablar todo el rato —no le hacía
falta—, sino para los momentos importantes. Cuando despierta entera y queda
preparada para vivir, lanza al aire un breve acorde de Do mayor: tres notas
que ascienden como tres ventanas que se van abriendo, una tras otra. Cuando
un inquilino llega de visita —`Alt+N`—, ella lo recibe con un repique
ascendente, dos notitas que suben. Cuando uno se despide en paz, con un
repique descendente. Y cuando uno se cae al suelo y hay que retirarlo, ella
da un bajo grave de aviso, breve y firme: «atención, hubo un fallo aquí».
Y para no atropellar a los inquilinos cuando ella habla, hay una cortesía
sencilla: mientras la casa esté diciendo lo suyo, los demás callan. En cuanto
ella termina, devuelve la bocina al inquilino que la tenía, y la música del
cuarto enfocado vuelve a sonar donde se quedó.
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*El diario continúa. La próxima página la escribirá la próxima jornada.*