feat(renaser): Fase 17 — bitácora, el editor que recuerda
memoriosa (Fase 7c) demostró que un app podía persistir su huella. Esta fase la lleva al gesto natural: un editor de texto. Tecleas, reinicias renaser, el texto sigue ahí. La huella vive en el grafo de objetos como todo lo demás. - Nuevo crate `apps/bitacora/`: lienzo 480×280, tipografía 8×8 embebida (`font8x8 = "0.3"`) escalada x2 a 16×16, render pixel a pixel desde la memoria del propio app. Buffer 512 bytes con wrap automático a 28 columnas; `Enter` salta línea, Backspace borra; al desbordar el buffer se descartan los 64 primeros para amortizar la mudanza. Cada cambio invoca `sys_estado_guardar`; al arrancar, `init` llama a `sys_estado_cargar` y reconstruye. - Mapeo de scancodes US a ASCII (letras, dígitos, puntuación básica, espacio). Sin shift ni mayúsculas — minimalismo. - `GENESIS` crece de 7 a 8 apps; `bitacora` es la PRIMERA — gana la celda maestra al arrancar y te invita a teclear. - `CELDA_TASKBAR_ANCHO` baja de 150 a 130 px para que las ocho pestañas + lanzador + reloj quepan holgadas en 1280 px. Verificado en QEMU: tras escribir "hola renaser" y reiniciar el kernel con el mismo disk.img, bitácora muestra el texto donde lo dejó. El `almacen` reporta 24 objetos en el grafo (frente a 9 antes de escribir) y `raiz presente` — cada `guardar` anexó una versión al log direccionado por contenido. Co-Authored-By: Claude Opus 4.7 <noreply@anthropic.com>
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@@ -547,6 +547,27 @@ reloj LATE: cada vez que pasa un segundo nuevo —y sólo entonces, ni una vez
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de más—, la casa recompone el zócalo para mostrar la cifra siguiente. El
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resto del tiempo, el zócalo descansa.
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## La bitácora — escribir y volver a encontrarlo
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Hace tiempo que la casa permitía a sus inquilinos guardar pequeños recuerdos
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en sus paredes —`memoriosa` lo había estrenado contando teclas a través de
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los amaneceres—. Pero un cuaderno de notas, no había. Hoy llegó uno.
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«bitácora» se asoma al despertar como el inquilino más importante: ocupa la
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celda más grande del escritorio, con un título índigo y un papel limpio
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debajo. Donde el cursor apuntaba, va apareciendo lo que se teclea, letra a
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letra. Cuando llega al borde derecho del papel, salta de línea solo;
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con Enter, también; con Backspace, retrocede y borra. Hasta aquí, nada
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nuevo bajo el sol.
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Lo nuevo es lo que ocurre al apagar la casa. Habitualmente, lo que se
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escribe en un papel desaparece cuando el papel se quema. En la casa de
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renaser no: cada letra que la bitácora recibe queda anclada en su mapa
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secreto de objetos —el mismo árbol en el que viven los inquilinos—. Al
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apagar y volver a encender, el papel vuelve a su sitio con cada palabra
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intacta. Apaga, enciende, sigue escribiendo. La casa no olvida lo que se
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le confía.
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*El diario continúa. La próxima página la escribirá la próxima jornada.*
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