feat(renaser): Fase 14 — identidad del escritorio (nombres + barra de tareas)

Las ventanas eran anónimas: el escritorio no sabía nombrar lo que
mostraba. Esta fase le pone un nombre a cada cuarto y una barra al
pie con la lista de quienes lo habitan.

- Cada `Ventana` lleva un `nombre: String` —del manifiesto, o del
  orquestador al engendrarla en vivo—. `Plantilla` lo guarda para las
  copias que `Alt+N` instancia.
- Franja `FRANJA_TASKBAR=40px` reservada al pie. `area_apps` la
  descuenta — las ventanas teselan y flotan sin tapar la barra.
- `consola`: tipos `Taskbar` / `CeldaTaskbar` + métodos `pintar_taskbar`
  y `pintar_etiqueta` (rasteriza una cadena en (x, base_y) sobre un
  fondo conocido, sin tocar la pluma). La pestaña enfocada se pinta con
  el índigo del foco, las desalojadas con su color de baliza, el resto
  con el slate del panel.
- `compositor::recomponer` arma las celdas y las pasa junto a las capas
  a la consola; un único repintado, una única presentación.
- `atender_raton`: si el clic cae en la franja de la barra,
  `celda_taskbar_en` localiza la pestaña pulsada y la enfoca (sin
  iniciar arrastre).

Verificado en QEMU: al arrancar, la barra al pie muestra las 7
pestañas con sus nombres; `tonada` enfocada en índigo, `discola` y
`glotona` en sus colores de baliza. Un clic sobre `pulso` traslada el
foco al instante — el borde del compositor envuelve `pulso` y su
pestaña se ilumina.

Co-Authored-By: Claude Opus 4.7 <noreply@anthropic.com>
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2026-05-23 02:05:51 +00:00
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@@ -496,6 +496,23 @@ maceta de un balcón al otro. La mano suelta, el cuarto se queda donde lo dejó.
Por fin la disposición no la dicta sólo la casa: también la conversación entre
quien vive dentro y quien habita fuera.
## Los nombres — un cartel en cada puerta
La casa tenía buen olfato para colorear, pero un vicio antiguo: nunca decía cómo
se llamaba lo que mostraba. Las ventanas eran rectángulos sin etiqueta —«¿cuál
era la que cantaba?», «¿cuál la que cuenta los arranques?»—. La casa entendía,
nosotros adivinábamos. Hoy, al pie de la pantalla, le ha brotado un zócalo
estrecho con un cartel por cada inquilino: el nombre escrito, ordenadito, de
izquierda a derecha. La que tiene la mirada de la casa luce su cartel con el
índigo del foco; las que se rompieron, con su color de luto —violeta o crema
según la causa—; las demás, en gris discreto, esperando turno.
Y la barra no sólo dice: también ESCUCHA. Tocar un cartel con el dedo es ir al
cuarto que ese cartel nombra. La casa entiende sin más explicaciones: cambia la
mirada al inquilino elegido, su borde se ilumina, y el escritorio se recoloca
para honrarlo. Por fin la casa no se navega sólo a tientas con flechas: tiene un
directorio en su umbral.
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*El diario continúa. La próxima página la escribirá la próxima jornada.*