feat(renaser): Fase 13 — ratón, puntero y arrastre de flotantes
renaser dialogaba sólo con el teclado; las ventanas flotantes nacían en cascada y allí se quedaban. La Fase 13 trae el ratón. - Driver `drivers/raton`: el ratón PS/2 cuelga del dispositivo auxiliar del 8042 + IRQ12. El driver despierta el aux, programa su IRQ, le ordena reportar, ensambla paquetes de 3 bytes con guarda del bit-3. Posición como atómicos, eventos como cola lock-free — el mismo guardarraíl que el teclado. - El puntero, capa de PRESENTACIÓN: `Pantalla::estampar_puntero` pinta un sprite de flecha 12×18 sobre el framebuffer después de copiar el lienzo. El lienzo nunca lo contiene — hace de save-under natural—. - Compositor: `atender_raton` drena eventos. Botón bajando es un clic-para-enfocar consistente con `mover_foco` (silencia bocina, alza si flota). Si la enfocada flota, arranca un arrastre con el desfase de agarre; el botón sostenido la sigue al puntero; al soltar, termina. - `refrescar_puntero` reestampa el framebuffer si el puntero se movió en una vuelta tranquila en que ninguna app pintó. Verificado en QEMU (mouse_move / mouse_button del monitor): el puntero aparece al arrancar, se mueve por la pantalla, un clic sobre pulso le da el foco, y un arrastre con el botón sostenido mueve la flotante de la cascada al centro-abajo. Co-Authored-By: Claude Opus 4.7 <noreply@anthropic.com>
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@@ -476,6 +476,26 @@ escala, una y otra vez, y la dibuja como una escalera de luces que sube al
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compás de la música. Míralo cantar en silencio desde cualquier rincón;
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acércate —dale el foco— y lo oirás.
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## El dedo — la casa aprende a señalar
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La casa sabía escuchar y hablar; sabía mirar y dibujar. Lo que le faltaba era
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señalar. Sus habitantes vivían en sus cuartos sin que pudiéramos tocarlos —si
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queríamos cambiar de cuarto, había que cantarle a la casa qué tecla tocar—.
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Era una casa de palabras, sin gestos.
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Hoy le crece un dedo. Una flecha pequeña, blanca con su borde oscuro, que
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aparece en mitad del salón cuando la casa abre los ojos. Se mueve por las
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paredes y los cuartos siguiendo lo que la mano de afuera quiera. Y allí donde
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señala, ahí está la atención: tocar un cuarto es elegirlo —el borde de la
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mirada se traslada al que apuntas, sin más palabras—.
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Y los cuartos que flotaban, que hasta ayer nacían en su cascada y allí se
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quedaban, hoy pueden moverse de sitio. Se les agarra por donde uno los toca,
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con el dedo apretado, y se les lleva por la casa como si llevara uno una
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maceta de un balcón al otro. La mano suelta, el cuarto se queda donde lo dejó.
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Por fin la disposición no la dicta sólo la casa: también la conversación entre
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quien vive dentro y quien habita fuera.
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*El diario continúa. La próxima página la escribirá la próxima jornada.*
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