feat(renaser): Fase 7c — persistencia inter-sesión por-app

Cada app tiene ahora su propia ranura de estado en el Manifiesto de
Génesis (EntradaApp.estado): guarda y recobra lo suyo, sobrevive al
reinicio, y no pisa a ninguna otra app.

- apps/memoriosa: app WASM interactiva nueva. Cuenta las teclas pulsadas
  y persiste el recuento; al reiniciar despierta con su cuenta intacta.
  Reemplaza la 2a instancia de hola en la genesis.
- kernel: capacidades sys_estado_cargar / sys_estado_guardar. El kernel
  custodia un manifiesto VIVO (Mutex<Manifiesto>); fijar_estado lo muta,
  lo re-graba en el grafo y lo re-ancla. ContextoCapacidades.indice_app
  da a cada app su identidad — su ranura, jamas la de otra.
- cargar_userspace instala el manifiesto vivo antes de instanciar las
  apps: el init de una app ya consulta su estado al despertar.

Verificado en QEMU (screendump + sendkey): disco virgen -> memoriosa con
0 celdas, testigo verde; 5 pulsaciones -> 5 celdas; reinicio -> 5 celdas
intactas, testigo ambar (init releyo el estado del grafo).

Cierra la Fase 7 — el userspace nace del grafo, completa.

Co-Authored-By: Claude Opus 4.7 <noreply@anthropic.com>
This commit is contained in:
sergio
2026-05-22 18:43:58 +00:00
parent 6a0781c0a8
commit 900cd19e49
15 changed files with 492 additions and 35 deletions
+26
View File
@@ -292,6 +292,32 @@ Hay una sola lengua.
A los ojos, otra vez, casi nada cambió: las mismas cinco ventanas. Pero la
maleta del kernel, esta vez sí, está del todo vacía.
## Cada quien, su cajón de recuerdos
Había una inquilina —la cronista— que sabía dejar huella. Cada vez que la casa
despertaba, ella anotaba el número del despertar y lo guardaba donde nada se
pierde. Pero lo guardaba en un único cajón, el cajón de la casa: si otro
inquilino hubiera querido recordar algo suyo, habría tenido que borrar lo de
ella. Memoria había, sí, pero una sola, y a empujones.
Hoy eso cambió. El cuaderno de la casa —el que dice quién vive dónde— ganó, en
cada página, un margen en blanco: un cajoncito propio para cada inquilino,
donde guardar lo que quiera sin tocar lo ajeno. Mil inquilinos, mil cajones;
ninguno pisa al otro.
La primera en estrenarlo es una recién llegada que hace honor a su nombre:
*memoriosa*. Su oficio es sencillo y entrañable — cuenta las teclas que se
pulsan. Cada vez que alguien teclea, ella suma uno y lo apunta en su cajón. Y
cuando la casa se apaga del todo y vuelve a encenderse, memoriosa no empieza de
cero: abre su cajón, lee la cuenta donde la dejó, y continúa. En su rincón
pinta una marca por cada tecla de toda su vida; y una lucecita —ámbar— confiesa
que ha despertado recordando.
No es poca cosa. Una máquina que se apaga suele olvidarlo todo; renaser, no.
Sus inquilinos cierran los ojos en el apagón y los abren, al volver, justo
donde los cerraron. La casa ya no sólo perdura: recuerda, uno por uno, a los
suyos.
---
*El diario continúa. La próxima página la escribirá la próxima jornada.*