feat(renaser): Fase 12 — la bocina del PC como capacidad de host

La Fase 11 dio al userspace un reloj; la Fase 12, una voz. Hasta hoy
renaser solo sabía dibujar para llamar la atención.

- Driver `drivers/altavoz`: el canal 2 del PIT como generador de onda
  cuadrada + la compuerta del puerto 0x61. El canal 0 —latido del
  kernel— no se toca. `tono(hz)` es su única vía; un 0 la silencia.
- Capacidad `sys_tono(frecuencia_hz)` — la undécima función del host.
  La bocina es un recurso único: pertenece a la ventana ENFOCADA,
  como el teclado desde la Fase 8c. Al cambiar el foco, el compositor
  la calla; la nueva dueña la reclama en su próximo fotograma.
- App nueva `tonada` (`apps/tonada/`, wasm32): toca una escala de Do
  mayor y la dibuja como una escalera de barras. Junta el reloj
  (`sys_tiempo_mono`) y la bocina (`sys_tono`).
- `GENESIS` crece de 6 a 7 apps; `tonada` es la maestra del escritorio.

Verificado en QEMU. Visual: la escalera de `tonada` recorre la escala
con el tiempo. Sonido: con la bocina enrutada a un WAV, el PCM
capturado es una onda cuadrada oscilante de ~375 Hz — la frecuencia
media de la escala de Do mayor.

Co-Authored-By: Claude Opus 4.7 <noreply@anthropic.com>
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sergio
2026-05-22 20:54:48 +00:00
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@@ -454,6 +454,28 @@ incorpora justo donde va el primero, al instante, como dos bailarines que oyen
la misma música—. Porque ninguno lleva su propia cuenta: ambos miran el mismo
reloj del recibidor.
## La voz — la casa aprende a sonar
La casa sabía mostrarse, recordar, medir el tiempo. Pero era, hasta hoy, una
casa muda. Lo único que sabía hacer para llamar la atención era pintar —una
franja roja, un borde de color—. Nunca un sonido.
Hoy estrenó su voz. No una voz rica, de orquesta: la más pobre que existe, un
único hilo de sonido, el viejo altavoz que todo PC lleva escondido. Pero basta.
Con él la casa puede ya emitir un tono, agudo o grave, o callar.
Y, como con el reloj, hubo una regla de cortesía. La voz es una sola, y si
todos los inquilinos hablaran a la vez no se entendería nada. Así que la voz,
igual que el oído —el teclado—, pertenece al inquilino del cuarto que se está
mirando. Los demás pueden mover los labios; sólo se oye al que tiene la
atención de la casa. Al cambiar la mirada de cuarto, la casa calla un instante,
y el nuevo elegido toma la palabra.
Para estrenarla llegó «tonada», que no sabe hablar pero sí cantar: toca una
escala, una y otra vez, y la dibuja como una escalera de luces que sube al
compás de la música. Míralo cantar en silencio desde cualquier rincón;
acércate —dale el foco— y lo oirás.
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*El diario continúa. La próxima página la escribirá la próxima jornada.*